
Ella me dijo que aún carezco de capacidad para entenderla debido a mi juventud y falta de madurez. “Son cosas de muchachos”, dice. Yo sólo pude responderle que algunas personas no maduran. Se lo dije después de ver a mi tía llorar sobre el ataúd de su hijo.
Prometo escribirte un poema –el más hermoso que te hayan escrito, si es que alguna vez lo hicieron- e incluirlo en mi primer poemario –sin nombre, ni fecha; pero algo se me ocurrirá- para que así te sientas orgulloso de mí.
Perdona la lloradera, tú sabes que soy melodramática. Ya se me pasará y me acostumbraré a no verte en navidad, el Día de las Madres/Padres o en algún cumpleaños. Ni modo, por ahí tengo las fotos del Carnaval del 98’ donde salimos pichurritos e inocentes (antes de que Anto nos corrompiera, jaja). Y cada vez que que te recuerde, me trasladaré para allá o para otros tantos momentos donde estuvimos juntos.
Mejor dejo esto hasta aquí porque mi mamá anda cómica.
Por esa razón te digo: no es un buen momento para escribir un poema sobre la muerte, mas me quedo con el sonido de tus carcajadas retumbándome en la cabeza mientras me dices: “Pajuíta”, sólo porque le quiero cambiar el final a tu historia, pero no puedo.
Y así se dieron las cosas.
Porque sí.